La Red de Intelectuales. Una disonancia mundial, antiimperialista.

REDHEl aniversario décimo tercero de esta Red extraordinaria es la ocasión inmejorable para hacer aparecer algunos de sus máximos significados, como aportes decisivos en la lucha por la liberación de la humanidad, y su resguardo, entre tanto, del fogaje arrasador de la ambición irracional e incontenible del poder global de las potencias imperiales.

Estos signos que porta la Red, desde su origen, están indisolublemente asociados a la dimensión cósmica de la personalidad, revolucionaria, del Presidente Chávez, comandante perpetuo de la Revolución Bolivariana, o lo que es lo mismo, de la “transición socialista” venezolana.

Hugo Chávez estremeció a América y al mundo con la estridencia revolucionaria de los poderosos significados alternativos de la voz, internacionalmente resonante, de su liderazgo sui generis.

Porque Chávez era (y aquí está, en mucho, el germen originario de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad) un transgresor y un iconoclasta del actual sistema mundial de producción de mercancías y producción de hombres. Creaba “disonancias” ideológicas antiimperialistas que sostenía valientemente y de manera contumaz que fue lo más importante de su liderazgo rebelde e insurgente,

En tal sentido era un “transgresor”, es decir, que no sólo arremetía contra la realidad convencional del sistema, en todos sus órdenes, sino que, con una conciencia crítica desestructurante, por así decirlo, desmontaba, la propia manera de pensar la realidad social que nos incluye y determina, para proponer, implícita y explícitamente, pensar la realidad con categorías no convencionales, con categorías revolucionarias, es decir, capaces de transformar esa realidad de la sociedad (su realidad capitalista-imperialista), en su contrario. Su conciencia “transgresora” (como la hemos llamado en el buen sentido, en este sentido revolucionario) procedía de la ruptura que había realizado, en sí mismo, de los límites que el “sistema” a instalado en el pensar, de los límites que el capitalismo, como cultura, ha impuesto en el pensamiento con el cual pensamos la realidad que nos incluye y determina, es decir, la propia realidad social del capitalismo en que vivimos.

Chávez sabía que los límites que la sociedad capitalista nos implanta y nos impone en el pensar, en nuestro pensamiento, constituye la barrera defensiva más poderosa con la que cuenta el “sistema”, con la que cuenta para la defensa, aparentemente infranqueable, de sí mismo. Chávez sabía que la realidad social del capitalismo tenía que ser transgredida en el pensamiento, para poder transformarla revolucionariamente, que es la única forma de transformarla, el único método político y social para su transformación, como lo había descubierto y descrito Marx, en general en toda su obra y, principalmente, en los Grundrisse, en la Contribución a la Crítica de la Economía política y en El Capital.

 Pero antes que Marx, más profundamente – y esto lo conocía perfectamente Chávez – , Jesús de Nazaret, se lo había comunicado, honda y rotundamente, a un fariseo, generoso e importante, de Jerusalén, llamado Nicodemo Ben Gurión, a quien dijo, categóricamente, – “ para que el hombre se salve tiene que nacer de nuevo, tiene que nacer de adentro, del agua, del espíritu”-. Es decir, el cambio y la transformación del interior, de la subjetividad y, por tanto, de la conciencia con la cual pensamos la realidad, la cual es, generadora de esta propia conciencia; por todo lo cual, queda claro que la conciencia es histórica, que tiene un origen social determinado.

 Así fue como Chávez creó y forjó la “disonancia” izquierdista e insurgente de la ALBA –TCP, para referirnos solo a una de sus subversiones. Sostuvo, en solitario, cuatro años antes de inaugurarla internacionalmente con Fidel Castro, en el 2004, bajo la hilaridad intencionada y la mirada escarnecedora del mundo global y sus instancias pensantes de dominación, cultura y lideres mediantes, con una imperturbable valentía sin término, que la nueva forma de integración Suramericana igualitarista, equitativista y anticapitalista, era la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América, ALBA ( posteriormente ALBA-TCP ) por cuanto representaba la antítesis del ALCA, Zona de Libre Comercio de las Américas, como forma de integración imperialista, basada en las desigualdades y disparidades de las economías de la región, con la intención soterrada de la explotación y dependencia de aquellos.

 Así, también, hubo de abrir el proceso constituyente que en 1999 “dio a luz” a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

 De igual manera sostuvo la “disonancia” contra el sistema-mundo, capitalista-imperialista de esta Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad, que hoy representa, una de las grandes fuerzas mundiales, increscendo, que enfrenta al imperialismo como modo global de producción de dominación, económica, política y cultural, con la intención segura e irrevocable de defender a la humanidad, y a la naturaleza como su prolongación vital e indispensable.

 Una Red poderosa de pensamiento, de ideas, de sentimientos, todos redentores de una humanidad sojuzgada y explotada por sí misma, por sus propias creaciones históricas, por sus dolorosas contradicciones equivocas y funestas, provenientes de sus trágicos modos de haberse producido, económica y culturalmente, a sí misma, bajo la forma continuada de su propio poder, del poder creado por élla, como dominación de sí misma.

Ahora, esta Red, insólita e incomparable busca “volver de golpe el golpe” –como dijera Vallejo -; trepa ascendente y triunfalmente, sobre las estribaciones de la “mundialización solidaria”, para dar al traste con la “globalización neoliberal”, como formación civilizacional superior del capital, basada, irracionalmente, en la asfixia de la naturaleza y en el fin de la humanidad.

Chávez intuyó y vislumbró que se generaba, mundialmente, una especie de atmosfera o nueva dimensión de la conciencia social, que volvía su mirada sobre sí misma, es decir, sobre la humanidad y las bases materiales de su existencia, peligrosamente amenazadas por un régimen omnímodo de producción mundial de irracionalidad y locura, económicas, que avanzaba sobre el abismo del fin de la naturaleza.

Así produjo la idea germinativa de la Red, de una gran ofensiva del Amor, instrumentalizada, revolucionariamente, para la redención y defensa de la humanidad.

Hoy la Red, prolongada en los movimientos sociales, resplandece con la determinación de hacer de los poderes (fuerzas) intelectuales y artísticos, una gran praxis transformadora de la realidad global, una encarnación, activa y mundial de las más luminosas y excelsas ideas, sentimientos y creaciones artísticas, de toda índole, en defensa de la humanidad. Una ofensiva mundial del Amor y su poder irresistible.

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