Pertinaz

panaComo respuesta estratégica, contagiado de pensadores como Francisco de Miranda y Bernardo de Monteagudo, e inspirado en la experiencia anfictiónica de la Grecia antigua, Simón Bolívar convocó el Congreso de Panamá el 7 de diciembre de 1824. Ya en su Carta de Jamaica esbozaba la posibilidad de la convención de plenipotenciarios en este sitio geoestratégico, un espacio para discutir “sobre los altos intereses de la paz y de la guerra”. Fue en 1826 cuando se concretó la reunión de las provincias convocadas para supremo propósito de consolidar la unión nuestroamericana. Comparecieron al congreso la República de Colombia, México y Perú, así como las Provincias Unidas del Centro de América. Si bien ni Bolivia ni Estados Unidos pudieron asistir a tiempo, Argentina, Chile y Brasil, por razones diversas, estuvieron apáticos. Paraguay no fue comunicado y Gran Bretaña y los Países Bajos mandaron observadores. El Congreso fue instalado el 22 de junio y cesó sus sesiones el 15 de julio, discutiendo temas desde los abusos de España en el mundo americano hasta la abolición de la esclavitud en todos los Estados confederados. El congreso solo concretó el “Tratado magnífico titulado de la Unión, de la Liga, y de la Confederación perpetua”.
Bolívar y la unidad hispanoamericana es un ensayo escrito por Pedro Ortega Díaz y publicado la Caracas de 1984. Dice el político venezolano: “Con desconocimiento de Bolívar y provocando sus posteriores manifestaciones de desacuerdo, fueron invitados EE.UU, Inglaterra, Brasil, Haití y ‘un mundo entero’, como escribiera el Libertador en alguna de sus cartas donde critica el hecho que EE.UU nombró delegados que llevaban instrucciones de Henry Clay, Secretario de Estado Norteamericano de dañar el trabajo de la reunión de Panamá (…) influyendo indudablemente en muchos gobiernos en un primer momento para que no fueran enviados los representantes al Istmo y luego para que no fueran ratificados los tratados”.
Al concluir las sesiones en la ciudad de Panamá el 15 de julio de 1826, los representantes mexicanos recomendaron reiniciar el Congreso en Tacubaya, lugar a las afueras de Ciudad de México; moción que expresaba la desconfianza de algunos políticos sobre la influencia de Simón Bolívar, siendo los diplomáticos peruanos los primeros de la lista. También los bolivianos, ya sin la presencia de Sucre, marcaron distancia del unionismo de su benefactor. Los centroamericanos por su lado, se degastaban en sus querellas limítrofes con los mexicanos, mientras que el “Tratado magnífico titulado de la Unión, de la Liga, y de la Confederación perpetua” no comprendía temas sensibles como la integración comercial y el fin de los conflictos territoriales. Esto sin obviar la pasividad de los asistentes sobre el caso de Cuba y Puerto Rico. Al cerrar el año 1826 solo uno de los países asistente ratificó los acuerdos convenidos. La desunión y el sabotaje ganaban terreno pero el Libertador no desmayaba en sus intentos.

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