Diálogo de experiencias feministas en la REDH

Red de Intectuales_2   En el marco de Encuentro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad que durante los días 11, 12 y 13 de diciembre de 2014 conmemoró los 10 años de existencia de la REDH, en la mañana del domingo 14 de diciembre se realizó en el CELARG, el encuentro de movimientos feministas y sexodiversidad. Allí se congregaron compañeras de Cuba, Honduras y el Estado Español para conversar con las mujeres organizadas de Venezuela, que hacen vida en el variado conjunto de colectivos e individualidades que dan forma al movimiento social feminista venezolano. La asistencia tan nutrida como variada, y con una participación que demostró una vez más la vitalidad de nuestro movimiento.

   Una idea clara abrió el diálogo: la cultura patriarcal sirve de base al capitalismo pero puede sobrevivir en el socialismo, y por eso es indispensable el trabajo de reflexión y profundización de la conciencia feminista de mujeres pero también de hombres sensibilizados, que por cierto, también nos acompañaron en esa jornada. Construir el socialismo pasa por cambiar las relaciones de poder en todos los ámbitos, es indispensable un poder horizontal en el que las mujeres participen en igualdad y con las mismas condiciones. Para que nazca una nueva sociedad socialista debe destruirse la jerarquía de género que mantiene la división sexual del trabajo. Hay que hacerlo desde las comunidades y comunas, que las mujeres no sean las únicas responsables de la comida, el aseo, el cuidado infantil, en resumen, de sostener y cuidar la vida. Sólo así será posible su participación real en los espacios de decisión. Las comunas deben ser antipatriarcales, además de anticapitalistas, lo que con frecuencia parece olvidarse. La lucha por el mundo alternativo es contra todas las formas de opresión, y la de género es la más antigua.

   Por eso hay una confluencia entre el feminismo y la lucha de la comunidad sexo género diversa, ya que ambos buscan romper con la hegemonía del patriarcado como sistema de dominación. Y se afianza en un feminismo socialista y popular que va abriendo brechas, va animando conciencias.

   Se habló sobre los problemas de la desigualdad de las mujeres, que tenemos en común en nuestra América: el embarazo adolescente, la maternidad como imperativo y en solitario, la penalización del aborto, la violencia de género, el acoso, la utilización del cuerpo femenino como objeto, la paternidad irresponsable y abandonante, la desigualdad laboral entre mujeres y hombres, la división sexual del trabajo y la escasez de apoyo estatal a la vida familiar, y además normas religiosas que desde diversas de iglesias discriminan a las mujeres y a la diversidad sexual en nombre de hipócritas preceptos morales. Un fenómeno que crece aceleradamente es el de la penetración de las iglesias en los sectores populares, iglesias no progresistas, que generan obediencia y despolitización; se trata de sistemas de poder basados en el patriarcado.

   En estas realidades, los movimientos feministas venezolanos y latinoamericanos buscan sostener su organización y también su autonomía, porque se ha comprobado que la institucionalización de los movimientos les hace perder su frescura. En Cuba por ejemplo, las mujeres han avanzado muchísimo con la Revolución, pero también se ha producido un aquietamiento de las luchas y un atenerse a las líneas que derivan de la institucionalidad establecida. Para alimentar el espíritu revolucionario, es indispensable que se mantengan los colectivos con sus propios debates de ideas, con sus visiones y propuestas sin ser normalizados por el poder constituido; solamente así se puede lograr que las necesidades y los puntos de vista feministas no pierdan terreno (como suele ocurrir) frente a preocupaciones que se consideran “superiores”. Al mismo tiempo se articulan frentes unidos de mujeres en las democracias en revolución, en la que confluyen en luchas comunes las estructuras institucionales que se han venido creando para la igualdad de género y los movimientos sociales. Sin subestimar que una parte importante de las compañeras que tienen responsabilidades institucionales provienen de la militancia feminista.

   La relación entre los movimientos sociales y el Estado, ambos en la misma vía de construcción del socialismo, sin embargo, no está exenta de tensiones y contradicciones, que permiten motorizar el cambio. Se trata de manifestaciones del poder constituyente que brota de la participación, y de la conciencia política, en el horizonte del cambio social. Los movimientos feministas y de mujeres con autonomía ponen al descubierto tensiones dialécticas -creativas las denomina Álvaro García Linera- con el poder constituido que son impulso para la transformación. Queremos una transformación completa que no permita el retorno o la restauración, vemos el socialismo feminista como su garantía.

   Una convicción transversalizó el debate: todas pensamos e hicimos explícito que diálogos libertarios como el que tuvimos, son posibles porque en Venezuela hay una revolución en marcha, que tiene como objetivo profundizar la democracia, y hacer desaparecer todas las condiciones de opresión.

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