DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y PODER POPULAR

poder comunalLa democracia liberal o representativa se encuentra en una profunda crisis, como lo demuestran diagnósticos sobre su práctica en diversas latitudes del ámbito planetario. Mayores niveles de abstencionismo, pérdida de credibilidad de los partidos entre los electores, altos niveles de corrupción en las clases políticas tradicionales, incluso en agrupamientos y gobiernos de izquierda, emergencia de nuevos actores políticos e indefinición y asepsia ideológicas, son algunos rasgos característicos de esta crisis del sistema de representación política. Este modelo de democracia, en este inicio de siglo XXI, ya no cumple con sus objetivos de dominación por dos grandes razones: el nivel de legitimidad ya no alcanza para imponer un eficiente sistema de hegemonía y algunos sectores de la sociedad resultan cada vez más demandantes.

Uno de los referentes a nivel mundial con mayor avance en una práctica alternativa de democracia, es sin duda, la República Bolivariana de Venezuela, aún en medio de las graves tensiones ocasionadas por una oposición que no respeta el marco jurídico y la constitucionalidad vigentes, y pese a la campaña mediática en su contra. Avalada por fundaciones como el propio Centro Carter y algunos observadores europeos presentes en varios comicios, la estructura electoral del país sudamericano, que incluye el voto electrónico en todas las etapas del proceso, rebasa por mucho las consideradas como modelo de democracia, entre ellas, la estadounidense o la española.

Sin embargo, en esta transición hacia formas del ejercicio democrático, más allá del voto, se constituye en un tipo esencial de la democracia directa y participativa el poder comunal que el comandante Chávez impulsó con tanto ímpetu, y que vislumbró como la principal garantía de continuidad de la revolución bolivariana. Formalmente constituidas y funcionando, se contabilizan a fines de marzo de 2015, 1,026 comunas y 44,415 Consejos Comunales, un espacio de organización y poder popular que va creciendo como uno de los pilares fundamentales del chavismo pero, sobre todo, como la construcción de una estructura política caracterizada por la participación directa y protagónica de los ciudadanos que se ocupan de su entorno político, económico, social y cultural. Desde el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales, se canalizan recursos, apoyos y programas que nutren la labor comunal, en manos de la gente que debate y decide sobre el destino de esos recursos. (http://www.mpcomunas.gob.ve/el-ministerio/)

De acuerdo al boletín N° 3, Comuna o Nada, del mismo Ministerio del Poder Popular para esta área, la Comuna Socialista Alicia Benítez, ubicada en el Estado de Miranda y fundada el 23 de noviembre de 2013, está integrada por 22 consejos comunales y atiende a 16 mil familias. Esta comuna posee tres empresas de producción: 1. Empresa de Propiedad Social Directa de Gas: manejada a través de la autogestión.2. Empresa de Propiedad Social Directa de Transporte: cuenta con 6 unidades que cubren diversas rutas que permiten fortalecer las existentes y cubrir la demanda, además de contar con una ruta especial directa a los centros hospitalarios. Su sistema es por autogestión. 3. Empresa de Propiedad Social Indirecta de Producción de Chocolate: busca rescatar valores y tradiciones culturales de la comunidad a través del cacao.

Estas nuevas estructuras son la base de instituciones propias que reconfiguran la concepción, el significado profundo y la práctica de la política, y buscan ajustarla a valores abandonados en la mayor parte de los países de nuestra región: la ética, la honestidad, la transparencia, la equidad de género, la convicción de que los cargos públicos son una responsabilidad y no una oportunidad de enriquecimiento personal o de grupo, que observamos también entre los zapatistas de México.

Para este caso, ícono de la lucha contra el neoliberalismo a nivel mundial, destaca el principio esencial de gobierno denominado mandar obedeciendo, que se expresa en los siguientes principios derivados: 1. Servir y no servirse. 2. Representar y no suplantar. 3. Construir y no destruir. 4. Obedecer y no mandar. 5. Proponer y no imponer. 6. Convencer y no vencer. 7. Bajar y no subir.[1]

La concepción democrática del mundo zapatista contempla también los factores económicos y sociales, esto es, se sigue una lógica integral de la democracia, que rebasa los límites procedimentales del modelo representativo. Al respecto, Roberto Regalado plantea: “Democracia es mucho más que elecciones. Es el ejercicio del gobierno por el pueblo, que no puede limitarse sólo a su participación política plena y activa, sino que necesita incluir la democracia económica y social.”[2]

Esta nueva visión de la política, que se encuentra en la construcción y el fortalecimiento del poder popular, incluye un cambio conceptual de la democracia que se expresa en la adopción de mecanismos propios del modelo participativo y en la superación de la vertiente meramente representativa. La existencia de la revocación del mandato, la elección de las autoridades por medio de asambleas comunales, el principio de la rotación de esas mismas autoridades y la rendición de cuentas, representan una renovada concepción de la democracia que sin duda modifican sustancialmente los valores tradicionales de la política.

En una segunda edición corregida y aumentada de su libro Introducción al Poder Popular. El sueño de una cosa (Tiempo Robado Ediciones, Chile, 2014), el argentino Miguel Mazzeo plantea que “el poder popular hace posible la utopía libertaria y no a la inversa. Porque el poder popular es la forma que asume la tendencia presente hacia la sociedad futura. Esta utopía, así emplazada, deja de ser simétrica, uniforme, hipertradicional, dirigida de manera centralizada, deja de ser orden externo y comienza a ser una construcción alimentada por la calidad de los vínculos sociales y por el mito revolucionario de los que quieren cambiar el presente de opresión e injusticia y construir un futuro de libertad e igualdad”. (p.110)

La transformación y evolución del modelo democrático no pueden entenderse sin una plena y directa participación popular, sin mecanismos reales y tangibles en los que la misma sociedad no sólo sea protagonista de su desarrollo justo y equitativo sino en el que el poder político esté integrado bajo una perspectiva colectiva y nacional. Esto es lo que se busca construir en Venezuela y Bolivia, en experiencias regionales de alcances mundiales, como las de los zapatistas y el MST en Brasil, entre otras tantas, coadyuvando a la edificación de otra democracia posible. Sin duda, ese poder popular constituye, a la vez, la principal garantía de continuidad para los procesos de transformación en curso que, como en el caso de la Venezuela bolivariana, son agredidos por la principal amenaza para los pueblos: Estados Unidos.

[1] Gilberto López y Rivas, “Apuntes del curso ‘La libertad según l@s zapatistas’”, La Jornada, 31-08-2013.www.jornada.unam.mx/2013/08/30/opinion/019a1pol

[2] Roberto Regalado, “América Latina: crisis del capitalismo y vigencia del socialismo”, América Libre, edición especial (Buenos Aires), núm. 10 (enero de 1997)., p.8. http://www.nodo50.org/americalibre/anteriores/10/index.htm

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